lunes, 29 de marzo de 2010

Los Cachudos

La depresión es algo muy normal para muchos. Para mí, resulta ser algo bastante anómalo. No es por dármelas de macho, pero solo carece de valor si no viene acompañada de una justificación racional y a la altura del nivel de la misma.

La depresión más conocida, es la causada por el demonio más grande, llamado “Amor”. Un enano gordo con pañal que por lo general, con puntería de cíclope miope y tuerto, lanza las flechas que en vez de unir a las personas, lo que hace es provocarles una herida que desencadena en llanto, decepción, gastritis, estrés, borracheras y a veces, suicidios.


Todo bien hasta ahí. Me refiero a que también he caído en depresión por tales motivos y lo único que deseas es meterle las flechas por donde la espalda pierde el nombre, y no es precisamente el cuello. Ahora, ¿qué sucede cuando la depresión es causada por tu país? Sí. ¿Qué sucede cuando Ecuador es el que te duele? La cosa cambia. Porque en el caso de la mujer amada, la cosa no va más allá de un par de borracheras, si acaso unas lágrimas (no meritorias) y largas charlas de desahogo con los amigos. Talvez un bacile de oportunidad o una noche de pasión por despecho (actividades bastantes improbables pues, son épocas en las que ni el perro te regresa a ver).

Pero cuando tu país es el que te deprime, ¿Qué hacer? Resulta bastante cómico y patético ir a la casa de tu amigo con una botella de whisky (o zhumir, según sea el caso y el presupuesto) a contarle que estás deprimido por tu nación. Pero traición es traición, y aquí nadie se salva de los cachos. Ni tú, ni yo.

Hay hombres que son botados de sus casas, pierden a sus hijos y la mitad de sus bienes por traicionar (cuando la mujer es lista). Hay hombres, que en un arranque de ira, matan a su conyugue (Sea este mujer u hombre. En estos tiempos ya no se sabe.), a los guaguas en común y hasta el perro lleva su merecido. Actos poco éticos, pero comunes. ¿Qué hacer cuando tu país te traiciona? Además de quemar una bandera, insultar a la madre patria, mearte en la plaza de la independencia y lanzarle dardos a una foto del presidente de turno, no se puede hacer nada más. De nada sirve (o me sirve) el Estado, si el mismo está corroído por gusanos, falsas promesas, y dioses de papel. No me acaba de convencer el letrerito de “Sonríe Ecuador, somos gente amable”, al lado del chofer del bus que al momento de bajarte, la mejor solución es hacerlo “al vuelo” para no enfurecer al profesional del volante. Tampoco veo que en el IESS te sonrían mucho. El que sí sonríe es otro.

No quiero que me confundan. Amo mi país. Como alguien puede amar a su mujer. Y como ella te puede poner los cuernos, también lo puede hacer la patria (que ya es de todos). Pero nada cambia el hecho de que al leer un diario, ver un noticiero o escuchar un informativo, no hayan más temas que la corrupción del gobierno, los negociados de los contratos estatales, los juicios a la libre opinión, los insultos de los bandos, la violencia en las calles, la inseguridad, la falta de empleo, el mal servicio, la falta de calidad de muchas empresas, y demás factores que de poco a poco me van llenando (o vaciando) la mente, y si en caso de existir, el alma también. Y cierto, para alegrarte el día, te mandan el fútbol al final (como una curita para una herida de bala).

No es mi intención venir con discursos de unir al país, de sí se puede, que solo suenan cuando juega la selección o corre Jefferson Pérez. No es mi intención venir con discursos. Pero al sacar esto de mí, se me vaya esta depresión. Por suerte, este tipo de situaciones solo aparecen un par de veces al año. Pero cuando asoman es algo grave, porque me joden la semana. Como consejo, no lean editoriales ni secciones de opinión en relación al país y a la vez escuchen a Armando Manzanero. Y si lo hacen, guarden la pistola con llave y tráguensela. Con suerte, al irse la llave por el retrete también se habrán ido las ganas de pegarse el tiro. Y si aun le quedaron las ganas de volarse la tapa de los sesos (lo cual hará bastante feliz al diario Extra), nos vemos en la paila # 7.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Microcuentos

Se desarrollo recientemente un concurso de microcuentos tomando como protagonista, lugar o parte de la historia a la ciudad de Quito. El requisito era de que tuvieran menos de 100 palabras. He aquí mis 4 opciones para el concurso. Se aceptan (requieren comentarios para mejorar)criticas y cualquier tipo de comentario. Hasta entonces...

Pasa la mano con 10

5 de diciembre desde 1809. Se reúnen los guerreros, aparece la sangría, van llegando los primeros, bajo el sol de mediodía.

Con mirada en su oponente, dan confianza al compañero, ambos bandos van de frente, soñando dejarlo “zapatero”.

Dan las 12 campanadas, y se sientan a la mesa, se reparten 5 cartas, se comienza a la derecha.

Va avanzando ya la lucha, y valiente como un potro, “¡2 por ronda!” ahí se escucha, “¡2 por shunsho!” grita otro.

Y después del gran barullo, “¡38 que no juega!”, con sonrisa y gran orgullo, “¡Caída, limpia y fuera!”


Crónica de Martes 2 x 1

Un día martes, 2 x 1, pedí una pizza a domicilio. “30 minutos o es gratis” dijeron, y mientras colgaba, escuche los gritos de la vecina.

Asaltaban la tienda. “¡Ladrón, ladrón!” decía la comadre Lucrecia, mientras con ágil destreza, llamaba a los uniformados.

Los malhechores sin pausa, pero sin prisa, tomaban la plata, se apoderaban de 2 de trópico, y se bebían 1.

A los 28 minutos llegó mi pedido, a los 32 huyeron los pillos. A los 36 llego el marido de la vecina y los 47 la ley.

“Quito. Donde la pizza llega más rápido que la policía”.


Serenata Interrumpida

Se acerca el chulla, a la ventana de su amada, llevando serenata y adelantos de resaca.

Con una flor en mano izquierda y su corazón en la derecha, da señas al trío, cual director de orquesta, mas en vez de batuta, lo que lleva es una botella.

El más gordo lleva el charango, y el pequeño el requinto. El tercero además de cantar, escucha el fútbol con cautela.

Terminada la cantata, se asoma al balcón, una figura femenina, dejando caer una nota.
El pretendiente, emocionado, la atrapa y lee en voz alta “Linda serenata, casa equivocada”.


Leyendas Actuales

- “¡Ring!”
- “Constructora Cantuña & Don Sata”
- “Buenas tardes, necesito hablar con el gerente”
- “El Ing. Lucio Fernández lo atenderá”
- “Sucede que el apartamento 1028 tiene una falla. Falta un bloque y un toro ha intentado entrar”
- “No se preocupe, le enviaremos enseguida una mazorca de cortesía y un ladrillo de oro”
- “¿Quién pondrá el ladrillo?”
- “El conserje Almeida se fue a volver. Irá el arquitecto, pero demorará pues ha sido atacado por un gallo metálico.”
- “¿Qué garantía dan?”
- “¡Listo hasta el alba, o le devolvemos su alma!”

domingo, 31 de enero de 2010

Instrucciones para armar a la mujer ideal

Cansado ya de escuchar los comentarios acerca de la carencia de una u otra cualidad de lo que silvestremente se conoce como mujer, decidí hacer un instructivo manual para armar una mujer excepcional, la cual sirva de base para muchos hombres, y que además estos puedan hacer los ajustes necesarios para cada caso.

En orden ascendente, nos encontramos con los pies, los cuales deben estar enfundados en un par de tacones de aguja versión 10 cm. Tobillos sutiles, pero con habilidad para jugar un partido de futbol (ajuste el deporte de su preferencia).

Largas piernas firmes y bronceadas. Capaces de hacer que el público masculino regrese su mirada para atesorar el recuerdo efímero pero impactante de aquel par de columnas sobre las que se asientan, las prominentes caderas, con voluptuoso derrier que no llega a volverse exagerado, sino totalmente aprobable. (Medidas proporcionales al antojo y modelo requerido).

Las extremidades inferiores, perfectamente alineadas, se encuentran envueltas en una minifalda, 12 dedos encima de la rodilla, 8 debajo del ombligo, 40 grados centígrados de temperatura en los circulantes aunque irónicamente los mismos quedan congelados. Con capacidad de baile a ritmo de salsa, merengue y bachata, y reggaeton en el caso de los más jóvenes, invitan a volar a la imaginación, levantan sospecha de extraños por su legitimidad, envidia de algunas, y admiración de muchos. O ¿envidia de muchas y admiración de todos?

Espalda baja arqueada, con sendero de ida y vuelta, como señalando 2 caminos que resultan siendo el mismo. Van de ida a la gloria y de vuelta a lo magnánimo. Abdomen suave, apenas sudoroso, como vasija hecha a mano. (La medida de circunferencia resulta ser el largo de su miembro... Conocido como brazo). Este se encuentra mutilado por una pequeña vara metálica que atraviesa el ombligo con el propósito de hipnotizar y señalar como brújula, un destino superior (Superior en sentido puramente metafísico, y no direccional).

Para equilibrar el cuerpo, se debe colocar un contrapeso en la parte frontal superior del tórax, el cual deberá ser simétrico. Y homogéneo, pues el contrapeso se divide en 2. De textura suave al tacto, deberá ofrecer una pequeña resistencia al mismo, y una resistencia aun mayor a la gravedad. (Es recomendable elegir un modelo que se acople a su gusto y capacidad de manipulación, sin limitar la eficiencia general). Para su vestimenta elegiremos una blusa que se ajuste al contorno. Al contorno de la mente y de la muchacha, no necesariamente en ese orden.

Tenemos, a continuación pues, las extremidades superiores. Brazos con textura de pétalo de rosa, suaves al contacto, con poder de tomar en brazos un niño, abrazar en el momento indicado, realizar varias labores domésticas y profesionales. Aunque en estos tiempos las labores sean mayoritariamente profesionales (créanme, lo son). Manos no muy gruesas, con manicure francés, ternura maternal, firmeza aprobable, y cerveza fría. (Elegir el licor a su gusto).

Labio carnosos, protuberantes sin llegar a ser exagerados, de color rosado leve, disfrazados de rojo carmín, que invitan a pecar. Sonrisa, valga decirlo, de hornado. Dientes perfectamente alineados y blancos como su alma, capaces de hacer sonrojar a los tímidos, elevar el ego a los seguros, y cegar a la multitud.

Nariz recta, perfecta. Ojos que pueden ver tu alma, todo lo malo que tienes adentro y aun así apreciarte por quien eres. De color negro como el infierno, celestes como el cielo, verde natural, o cálido café. Enmarcados en pestañas paralelas, largas y negras, perfectamente trazadas por un delineador que contrasta con el tono de sus ojos, y por ende de su alma. Luego de recorrer las partes más voluptuosas y efímeras, por así decirlo, tenemos como destino final a la parte más valiosa, y usualmente subvalorada: Su acompañante. Y no me refiero a un hombre, sino a su acompañante de toda la vida, quien la alegra, la confunde, la hace salir adelante y por quien llega a ser quien es. Su cerebro.

Pero como cualquier otra pieza del rompecabezas, habrá que hacer un modelo estándar. Actitud y acción de autosuficiencia, sin llegar a ser arrogante. Conocimientos elevados, sin jactarse de ello. Conocimiento y aprovechamiento de su propia belleza dejando a narciso fuera de su mente. Que no juzgue al libro por la pasta (es que hay pastas regulares con gran contenido, y a veces solo lindas pastas con… Bueno, solo lindas pastas). Capacidad de diferenciar entre el bien y el mal. Risas y sonrisas, gran humor que no llegue a ser una continua cascada de irritabilidad. Apreciación de lo bello. Clase al vestir. Gusto al comer. Orgullo de si misma, por su contextura y por sus logros, y aprecio hacia los demás. Desenvolvimiento natural, elegancia al caminar. Cariño por el prójimo (Cambie la palabra “prójimo” por su nombre propio y/o apodo). Pasión en sus actividades diarias (Principalmente en ESA actividad que esperamos también sea diaria). Emprendimiento en asuntos importantes, rectitud en juicio, y besos oportunos. Detallista, sin caer en la exageración, y perfeccionista sin llegar a la neurosis. Lágrimas sinceras al sentir verdadera felicidad o tristeza.

Si tú, o usted piensa que esta mujer es solo formulada por pensamientos e ideas aleatorias, piense otra vez. A este ser se le puede encontrar en todos los lados. Al doblar la esquina, en la tienda del barrio, en los centros comerciales y parques. En discotecas y bares, en mercados y autos, en bicicletas y aulas de clase, en oficinas y heladerías.
Se encuentran en todas las edades. Desde las tempranas edades, donde apreciamos la inocencia y frescura, pasando por los veinti, treinti y cuarenta y tantos donde la fuerza y la dulzura se conjugan, para llegar finalmente a la edad donde podemos apreciar la inteligencia, y la elegancia.

Todos nosotros en algún momento de nuestra vida deseamos a alguien así (algunos siempre) por quienes seríamos al estar con un ser así. Y tenemos que ser equitativos y equilibrados por lo que para recibir tenemos que dar. Para dar con alguien mejor debemos ser mejores, pues en la reciprocidad se encuentra la relación más equitativa y justa.

Nada más alejado de la realidad, pero cabe al final la siguiente cuestión. Después de tanto pedir, requirir, inclusive demandar a la idoneidad hecha carne, nuestra conciencia nos obliga a preguntarnos: ¿Merecemos a alguien así?

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Desacreditando al destino


Conversando trivialidades, un domingo por la tarde, me encontré con el tema del destino. Aquella palabra de 7 letras que asusta a tantas personas, tantas como las que tranquiliza.

Recuerdo haber tenido muchas conversaciones acerca del tema, con miles de argumentos, la mayoría hechos de polvo, y algunos pocos con validez genuina.

La gente toma al destino como la consecuencia de las acciones diarias de la persona que repercutirán en la vida de la misma, y que llevaran a vivirla y a morirla de tal o cual manera. Nada más alejado de la realidad.

Pero, ¿Qué sucede cuando culpan al destino de las circunstancias de la vida? Si murió la tía abuela del primo del concuñado del amigo del vecino, es el destino. Si se te bajó la llanta del auto, era el destino. Si conociste a una bella chica la noche en que no querías salir a farrear, simplemente era el destino que se encontraran. Si salieron durante 3 semanas, se hicieron novios por 4 meses, y esposos por 2 años, pero decidieron divorciarse, entonces también era el destino.

Entonces, ¿el destino es el culpable de todos los sucesos de la vida?

Porque siempre es más fácil culpar a alguien más de una consecuencia negativa. Y cuando no se encuentra un chivo expiatorio, hay pues, que encontrar algo, lo que sea que justifique el suceso. Es algo que entiendo. Es totalmente humano pensar de esa forma. Que algunos hechos que no podemos controlar sucedan de forma que afecten nuestras vidas mientras nuestros planes difieren de, valga la redundancia, lo planeado. Pero existe una pequeña diferencia en decir que el abuelo murió a los 65 años de edad porque era el destino, y aceptar la realidad de que el viejo no se tomó las pastillas para el corazón.

Porque aunque en el párrafo anterior dije que entiendo esa forma de pensar, no la comparto. Me parece patético y cobarde, por no decir más, echarle la culpa a algo tan intangible, tan irracional, y tan incomprensible. Si vamos por esas, entonces también distribuyamos equitativamente las siguientes circunstancias. El hecho de que hayan los apagones porque no llueve en paute, porque, o no le han hecho una ofrenda al dios de la lluvia o el presidente es tiene la culpa porque es un imbécil. Que aquel muchacho no se fijó en la chica porque cupido andaba emputado con la vida, o que la mitad de pasajeros del avión se salvaron por gracia del espíritu santo.

La peor frase que se ha inventado en la historia es: “Las cosas pasan por algo”. Y lo digo por una sólida razón. Es absurda en sí misma. Es obvio que pasan por algo. Acción y reacción dictaminan el camino y destino de un evento o persona. El nacimiento de la magnifica frase sucedió cuando la redundancia se convirtió papel, y la estupidez en esfero.

Creo que esa actitud frente a la vida divide a los que pensamos de manera objetiva y coherente, frente a los que prefieren la comodidad aceptar lo que venga como una situación que no puede ser modificada. Que no ven la realidad. Que no quieren ver la realidad (o prefieren crear para ellos, su realidad).

Las explicaciones están más que claras. Se bajó la llanta por un clavo. Conociste a la chica porque el licor pudo más que la razón. Se divorciaron porque la razón pudo más que el error. No llueve en paute porque las condiciones meteorológicas no son las adecuadas. No tiene nada que ver con que el presidente sea un hijue puta (no digo que lo sea) o que se necesite de ofrendas a dioses. El muchacho no le paro bola a ella, porque la niña era fea, o el era maricón. No hay más opciones.

Finalmente los que se salvaron no fueron los más buenos, ni los que más rezaron antes de estrellarse. Solo fueron los que estuvieron en la parte de atrás del avión.

Así que podemos, o confiar en que nuestra vida no nos pertenece y creer que solo somos títeres del “destino”, o tener las agallas de vivir bajo nuestras condiciones. Porque al final del camino, nos vaya bien o mal, sabremos que lo culminamos por nuestra voluntad, y no porque “fue cosa del destino”.

Pd: el destino no te trajo a leer esto.

domingo, 29 de noviembre de 2009

La misma historia de siempre...

Todo amor pasado es como un clavo. Se nos va metiendo de poco a poco. Progresivamente avanza, haciendo a un lado cosas que creíamos importantes, pero ahora ese clavo ocupa específicamente ese lugar. Se hace placentero el martilleo (y no me refiero a “ése” martilleo) y creemos que no hay forma en que las cosas vayan mejor. Hasta que decide salirse el muy hijo de la valiente, y nos deja un orificio del tamaño del cráter del Cotopaxi.


Vamos por partes. Entiendo que uno debe toparse con varios clavos en la vida para encontrar al final, el que se amolde y no se salga como previamente lo hicieron sus semejantes. La pregunta es: ¿Con qué se llenan los anteriores huecos?


Sentimos el corazón (y el cerebro, los brazos, piernas, pulmones, ojos, etc) como la Av. Amazonas en pleno invierno sin repavimentar. Buscamos llenar los baches emocionales de alguna forma. Entramos en las tan conocidas fases post-ruptura. Nada parece funcionar, así que nos lanzamos a morir.


La depresión, un fenómeno químico, nos invade y tendemos a pensar que no hay nadie más en el mundo como ella (No consideramos que la mitad del planeta está lleno de mujeres y que hemos conocido menos del 0,01% de ellas). Nadie que nos entienda como lo hizo ella (Sí. Claro). Nadie que nos ame como lo hizo ella. (La aseveración ya de por sí es contradictoria)


¿Nadie que nos arranque el corazón, aún latiendo, y de paso baile “tap” sobre el mismo?

Nos rebanamos el cerebro recordando los buenos momentos, lo magnífico del pasado, pero tan cojudos de olvidar las peleas y discusiones, así que al final nos llevamos el recuerdo de la oveja, pero no la del lobo que se escondía bajo su piel. Así que después de llorar y de tener mamados a nuestros allegados, despertamos y nos damos cuenta que ella no era tan… tan así como ella.


Marcador: Tú 0, ella 1. Pero no te preocupes, viene el contragolpe.


Después de llorar (La cantidad pudo haber llenado la represa de paute), y sentirnos más miserables cada vez (Porque el primer recurso que usamos para recuperarla es que sienta pena por nosotros. Claro, como si la imagen de un hombre llorando fuera tan atractiva como para hacer que ella vuelva) y hartar a nuestros amigos, literalmente teniéndolos al punto de querer ahorcarnos, recibimos una cachetada de la vida, un golpe que nos hace reaccionar. No de la mejor manera. Así que ahora al ser añorado, se le dan características menos… digamos, favorables. La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena- nos decían. Pero, en el caso de que muera mi alma, no voy a morir solo.


Decidimos una estrategia que haga que ella sienta celos al punto de que salta una vena en su rostro (generalmente encima de la ceja derecha), declaramos la guerra, y enviamos todo el veneno para sentirnos mejor. La miseria ama la compañía. Acuden a nuestra mente las ideas más siniestras y los deseos más oscuros. Somos capaces de imaginar los eventos más insólitos, que se alineen los planetas para que en el momento justo, en el lugar indicada, aparezca ella, llorando, rogando por volver, y tu te encuentres con una rubia de 2 metros, despampanante, en la mitad de un beso pasional, negándole la oportunidad de volver. Como lo dije antes, imaginamos la venganza. Pero no la consumamos, porque en el interio todavía tenemos algo de aprecio por ese ser. O porque somos muy maricas. Nos reencontramos con los amigos que los teníamos abandonados. Vuelven las fiestas, los tragos, y nos volvemos a abrir al mundo femenino.

Finalmente después de tanto derramamiento de sangre en nuestras mentes, vuelve a su puesto lo que llamamos “madurez” y nos hace entender que el hacer daño no va a hacer que nos sintamos mejor con nosotros mismos.


A Dally le funcionó (Si no lo entendió, vea más seguido a “Los Simpsons”). Así que volvemos a recordarla con sus defectos y virtudes. La volvemos a ver de forma completa. No solo lo bueno. No solo lo malo.


Cuando un perro te muerde, ¿Le lanzas una piedra, seguida del correspondiente insulto, o lo buscas para darle besitos, abrazos y declararle tu amor eterno? Entonces ¿Dónde queda la lógica cuando ella nos hiere, y aún así la seguimos buscando?

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Made in Ecuador (Alución textual, o textil?)

Comúnmente el ser humano pasa su vida entre vitrinas, en mercados, ferias y demás sitios de mucha o poca concurrencia para buscar, o mejor dicho, para encontrarse a si mismos representados en tela.

Comprar ropa es y será una actividad necesaria, que más que placentera, se puede volver obsesiva en algunos casos y sin importancia en otros.

Pero, si toda prenda cumple con la función de vestir a la persona, entonces, cual es el complejo de no usar ropa "de marca"? Cual es la manía de mandar medio sueldo o pasar endeudado durante 3 meses (pero sin intereses), por un pantalón que bien lo podríamos haber comprado por menos de la tercera parte del valor en otro lado?

Entiendo perfectamente que toma tiempo y creatividad el diseño de una prenda, pero que no me vengan a joder con el hecho de que una camisa cuesta 50 dólares, pero si tiene un triste mini cocodrilo ahora el precio es de 150.

Más triste aun, es el hecho de que, acomplejados, negamos y escondemos la falta de poder adquisitivo en prendas menos glamorosas, pero de función igual. No decimos ni de chiste que la chaqueta que portamos es "made in Pelileo", pero andamos mostrando a diestra a siniestra el reloj fossil que nos compramos en la navidad (y que nos faltan 12 meses por pagar).

Creemos fervientemente en que "la marca" nos da estatus social, nos hace ver mejor, hace que nos "paren bola" y demás beneficios que nos venden, eso si, con la promesa de volvernos una mejor versión de nosotros mismos. No tengo nada en contra de mejorar, de ahorrar para ese para de zapatos tan anhelados, de diferir las Ray-Ban o de perseguir durante días aquel abrigo, pero eso de estar comprando ropa de marca, solo si la marca es legible a 100 metros de distancia me parece irrazonable.

Y existen quienes, atrapados en medio del conflicto, optan por las imitaciones. Seres que se rehúsan a dejar de usar su ropa con "CK" (Calvin Klein), aunque solo signifique Confecciones Kevin, o Creaciones Karina. Somos menos humildes por llevar unas gafas Prada? No. Pero es ridículo pagar 800 dólares por un terno para lucir bien en la oficina, mientras te mueres de hambre durante los siguientes 4 meses (3 meses sin intereses, más 1 mes de gracia). Le hizo gracia?

Somos mejores por usar ropa de marca, o más cara? Un alce en un saco que bien se podría comprar en el mercado de Otavalo hace que este abrigue más? Al parecer según nuestra sociedad sin identidad, la respuesta es si. Porque hasta no demostrar que uno es alguien en esta vida, tiene más prestigio y valor un lagarto en tu camiseta que tu nombre y apellido.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Coplas a la muerte del amor


El recuerdo de tu presencia en mi vida
En mi cuarto, en mi día a día
Vuelve de repente, y decide asomarse
En la soledad, cuando más duele la noche

Al final estoy vivo, pero me siento muerto
Paso los días, entre dormido y despierto
Dormido, atrapado en el pasado
Despierto, me siento derrotado

Revisar fotos, testimonios de tiempos mejores
Pruebas irrefutables de aquellos amores
Que aunque uno intente, no lo logra
Acabar con el dolor, que siempre sobra

Saber que lo peor, según serrano
Declarando odio, a un ser amado
Del amor cuando se acaba
Es eso mismo, que se acaba.

Donde quedaron, los besos y abrazos?
En que momento se rompieron los lazos?
Cuando se fue el amor sin aviso?
Que hacer ahora, que estoy en el piso?

Y no se si lo peor sea tu ausencia
O que viva en mí tu presencia
Ahora mezquina de sonrisas
Se burla de mí, me hace trizas

Dicen que todo tiempo pasado fue mejor
Dicen que olvide, que no acumule rencor
Dicen que no hay mal que por bien no venga
Digo que la ahora la soledad, es la única senda

Pero no te odio, nada de eso
Sería como un perro negando su hueso
Más bien te deseo una vida buena
Lejos de mi, siendo parte de mi pena

Porque aunque no estés aquí, conmigo
Contradictorio sería decir: seamos amigos
Pronunciar esas palabras me produce tal dolor
Como decirte amiga, si un día te dije amor?