martes, 4 de enero de 2011

Sobre el año nuevo...

Todos nos propusimos alguna vez en algún momento de nuestras vidas alguna resolución. Y no hay lío en eso. El problema viene no por razón sino por situación temporal. ¿Por qué esperar al año nuevo? ¿Qué tienen de diferente el 31 de diciembre y el 1ro de enero del resto de días del año? Peor aún: ¿Nuevo año nueva vida? No era pregunta sino sarcasmo con forma de interrogación.

Todo esto lo escribo desde una discoteca de la carita de dios (a veces me pregunto si es que dios existiera, en su rostro ¿Habrían tantos baches y ebrios manejando?). La inspiración curiosamente llega después del 2do whisky, junto con las ganas de largarme de tal lugar. Pero como dicta la tradición (mi tradición) me tocará llegar al 7mo para no decepcionar a la barra libre ni decepcionarme.

Como todo se lo va llevando el viento (excepto la razón, la esperanza y el olvido) tengo que hacer un paréntesis en la línea del tiempo para que no se trague otro año más sin dejar constancia de un texto que proteste contra el recuerdo de lo mismo y la reproducción de la estupidez. Es decir, escribir contra todo lo ilógico, por razón y no por tradición.

¿Ropa interior amarilla? ¿Atragantarse de uvas en menos de 5 segundos? ¿Dar la vuelta a la manzana con una maleta? Sé que existen tradiciones que vienen desde mucho tiempo atras para que con un escrito se cuestionen (la la final como todo lo razonable en la vida, este texto también se perderá en el tiempo). Propongo nuevas tradiciones, en las cuales nadie utilice ropa interior, nos bebamos 1/2 litro de bourbon en menos de 5 segundos y nos demos la vuelta a la manzana saludando a los vecinos invitándolos a festejar en nuestro hogar.

¿Qué sucede con las resoluciones de año nuevo? Vamos por partes.

Una resolución de año nuevo es una hipocresía y una excusa.

Hipocresía porque tal resolución nuca se cumplirá por el simple hecho de que se hace por el momento y no por convicción. Y en caso de cumplirse llegará máximo hasta febrero, cuando las personas abandonarán la dieta, el gimnasio, la castidad o la fidelidad.

Excusa porque cualquier día es bueno para aferrarse y lograr una meta establecida, por lo que el aplazamiento de la misma a "el próximo año" solo demuestra la falta de fuerza de voluntad o de personalidad. Ambas predecesoras de la cobardía.

¿Quién nos hizo creer que el paso del 31/12 al 01/01 tenía el poder de darnos más fuerza o suerte? Seguramente un libro de autoayuda o un comercial de la coca-cola (ambos pudren el interior de una persona pero van bien con ron y limón).

He escuchado "nuevo año nueva vida" demasiadas veces. Sinceramente no creo que la modificación de un rumbo establecido por decisiones propias (buenas o malas, no importa), se vea regido por una fecha tan trillada. Lo dijo Kundera y lo dijo Nietzche; la vida no es más que la eterna repetición de lo mismo.

El cambio viene con la superación de lo preestablecido y no con bajar de peso o conseguir marido. Y mientras no me encuentre con una historia de borrón y cuenta nueva, seguire pensando que el año nuevo no es más que una excusa para quemar polvora, matar más pavos que en el naciemiento del "señor" y beber como si se acabara el mundo. Apoyo la última en caso de que el 2012 nos encuentre con más cerebro y huevos, que esperanzas fundamentadas en una fecha cualquiera...

sábado, 11 de diciembre de 2010

La Navidad de Melchor, Gaspar y Baltasar/ La Navidad de Mejor Gastar que Abrazar

Este supongo será el penúltimo post del año ya que me encuentro en un cambio de actividad profesional (conseguí mejor chamba!) y por ende no creo poder seguir escribiendo con tanta periodicidad, aunque espero equivocarme.

Una vez dicho eso, información absolutamente irrelevante, vamos al texto…

Ya se acerca la navidad. Época de pasar en familia, de vestirnos de matita de ají y comernos el primo grande del pollo. Época de dar y recibir, de renos con gripe y muñecos de nieve con bufandas. De bonos navideños, de bombardeo de comerciales de jugueterías y de “si no tiene plata, se jodió”.

No me gusta la navidad. De pequeño la amaba, como amo ahora al sushi, pero lastimosamente al crecer te vas dando cuenta de que tú mundo, no es el mundo. Recuerdo las reuniones de la infancia en casa de mi abuela, cuando nos reuníamos entre primos alrededor del árbol de navidad, a cantar villancicos una y otra vez. Los adultos nos miraban con ternura (y seguro por dentro pensaban en las cuentas por pagar), nosotros cantábamos huevadas sin sentido pero con mucho sentimiento (¿pero mira como beben los peces en el río?) nos atragantábamos de chocolates y pistachos en torno una planta muerta rodeada de luces. Todo el circo, que en esa época no comprendía y juraba que era el mejor mes del año, se fue esclareciendo con el paso de los años. Años que me fueron preparando para tomar el puesto del grinch.

No quiero sonar a discurso de radio católica, porque me parece una porquería que tan “noble” institución como la iglesia católica se aproveche del altruismo para recuperar clientela, pero hay que reconocer que hay gente que está más jodida que nosotros. Sí, es cierto que talvez no tengamos para el nuevo departamento, pero tenemos un techo (y no de zinc estoy seguro). Talvez no tengamos para el viaje a estados unidos (destino, para mí, totalmente carente de atractivo) pero tenemos una mesa con comida todos los días. Y con esto no quiero decir que nos conformemos con lo que tenemos, o que nos portemos como monjitas de la caridad y regalemos todo lo que tengamos, pues estoy totalmente de acuerdo en mejorar el nivel de vida, pero también que a la par mejoremos el cerebro.

Es impresionante ver el nivel de stress que se maneja la gente en estas fechas, pensando en que primero va el regalo antes del abrazo. Que primero va el “¿y ahora que le doy?” antes de “¿cuantos abrazos le debo?”. Primero el “detallito” antes del gesto honesto. Fechas en las que “dar es mejor que recibir” significa “endeudarse es mejor que quedar mal”. No pretendo tampoco ser escritor motivacional, pero tenemos recursos ilimitados del tan sub valorado cariño.

Recuerdo que odiaba cuando en el colegios, nos llevaban a cantar villancicos al frente de un montón de extraños. En esa época luego del "Especial de Navidad" te daban una funda de caramelos, como quien le da una galleta a un perro por el buen comportamiento. Ahora que veo estas presentaciones navideñas, me voy dando cuenta de que todo es falso. Son falsos los duendes que cantan "jingle bells" (canción que no creo que ningún niño de 10 años entienda o tenga ganas de entender), como es falso el profesor de música que moviendo una batuta (o el palo que se haya encontrado por ahí) juega a ser el director de orquesta que nunca pudo ser. Es falso Santa Claus (invento de la Coca-Cola), ese Papá Noel criollo, que suele ser el conserje del colegio, como también lo es su barba y su barriga. Son falsas las ganas de estar ahí de los niños como de los padres. También es falso el árbol de navidad, pues nunca realmente salió de la tierra ese cipress de plástico tuning. ¡Y lo peor de todo es que nos encanta!

Ahora que lo pienso, la navidad no es más que San Valentín, Halloween o el día del árbol. Halloween es auspiciado por Snickers, San Valentín por Hallmark y Navidad por Matel. El día del árbol solo es auspiciado por Green Peace y por eso no tiene tanta acogida. Que nadie me venga a decir que la navidad es auspiciada por Jesus Cía Ltda, porque si talvez, hace algún tiempo lo fue cuando los 3 reyes magos fueron a dejarle regalos al “niñito dios”, hoy ese acontecimiento no es la sombra de lo que se supone debió haber sido. Mi navidad llega hasta el 6 de diciembre, pues todos me regalan licor. Y sin preguntar. Pero a partir de que se acaba la celebración de la sacada de madre que nos metió la “furia roja”, se comienza a extender la distancia entre los polos emocionales y económicos. Con esto quiero decir que quién está solo, se sentirá más solo que nunca. Quien tenga a alguien a su lado, agradecerá infinitamente la compañía recibida (el agradecimiento será inversamente proporcional a lo que le cueste mantener a la “reina”). Quienes tengan dinero, podrán darse gusto demostrando que el afécto sí se compra, mientras que los desfavorecidos tendrán lo suficiente o para un pan o para una dosis de cianuro.

Se produce una interesante lucha entre lo que el mundo te dice que es lo que hay que hacer y lo que realmente puedes hacer. Y el primero gana por goleada si no tienes una pequeña noción de lo que significa tener sentido común.

En la infinita cadena de parentesco que une a la humanidad, al hacer algo bueno, no por el prójimo, sino por SU prójimo, indirectamente estará ayudando al mendigo de la esquina. Nadie escoge venir al mundo, y nadie escoge la familia en la que nace (eso solo sucede en los programas de intercambios). La suerte es un factor que afecta solo a los estúpidos que intentan justificar cualquier tipo de evento que puede o no estar dentro de su poder de decisión. Esta es la vida que nos tocó, para bien o para mal. No pido que hagamos conciencia, pues somos humanos y la historia nos demuestra que la conciencia será una de las piedras que faltaron en la construcción del “homo sapiens”.

Así que no me parece que sea exagerado de vez en cuando verse a uno mismo… Pero verse desde los ojos de la madre de 6 hijos que está cantándole a sus enanos para que se duerman y apacigüen el hambre de una noche buena (¿noche buena?) sin pavo, ni juguetes, ni “un mundo sin límites”…

sábado, 27 de noviembre de 2010

Breve Descripción de las Fiestas de Colonización (o del Circo de Diciembre)


Se acercan, finalmente, las fiestas de Quito. Algunos sabemos lo que se celebra, muchos desconocen el porqué celebramos, y a otros simplemente mientras haya licor, no les importa lo que se celebre mientras se celebre. Me incluyo en los primeros y los últimos.

Me gustan las fiestas de Quito. 6 días en los que finalmente el resto Quiteños comparten el mismo estado etílico que el mío. Otros por otro lado se regocijan en el gusto por la paliza a lo Mike Tyson que nos dio España a mediados del siglo XV. La pelea librada entre Atahualpa y Pizarro no fue una batalla sino una masacre. La resistencia ofrecida por Quizquiz y Rumiñahui tampoco fue grande, por lo que no puede hablarse una batalla por la colonización, cuando se habla del Real Madrid vs. Deportivo “Sí se puede” Pachamama.

Es interesante, aunque a estas alturas repetitivo, analizar el léxico utilizado en tales fechas, pues la “s” se vuelve “z”, la mujer es la “maja” y la paella el nuevo Chaulafán. Común es también encontrarse con el abuelito de Loja que de pronto le asoman parientes Madrileños, así como fotos celebrando el gol de Iniesta o junto a los toreros. Así sea el tortuga (Mal torero pero gran Señor). También en estas fechas, el fenómeno de convertir un envase vidrio por uno de cuero por arte de magia se vuelve cotidiano; se cambia la media de zhumir, por la bota con vino (auspiciada por el tatarabuelo fallecido y “Campiña”). Con similar rapidez se desempolvan las botas a las que siempre les faltará el caballo, los sombreros a los que les faltará cabeza y todos estarán más pendientes de “TV OLÉ” que de “La Usurpadora”.

Un desfile de modas en plena Amazonas y Juan de Azcaray, llena de criollos (descendientes de españoles nacidos en banana republic), de cerdos con ajíes en las orejas, de caballos de 2 pisos (el piso superior a veces hace paro) y demás fauna autóctona del lugar. Desfile en el cual todos quieren participar, sin más paga que una fotografía para aparecer en la sección social, un reconocimiento de parte de los conocidos y un “ve que rica esa man”. Hombres que dejaron el calentador dominguero de la empresa, por unos jeans “Levi’s”, camisa con la correspondiente barriga sostenida por un cinturón que hará juego con el calzado y el sombrero. El mismo de todos los años. Mujeres que recordaron que maquillarse es algo indispensable (por lo menos para las más feas), al igual que si pudieran llegar en caballo, lo harían. Pero al no poder lo hacen sobre un animal mucho más domesticable el cual toma en este caso el nombre de “marido”. Por mi parte prefiero caminar por los callejones aledaños con mi buen amigo Johnnie.

Adivino lo que se preguntan, les diré que sí he asistido en 2 ocasiones a la plaza de toros (coso de Iñaquito para los que ya tengan preparada la sangría). Y el lunes lo haré otra vez por tradición. Como este escrito no pretende reflejar las tan aburridas peleas entre taurinos y antitaurinos, solo apelaré al sentido común de las personas de escoger asistir o no a cualquier tipo de eventos. No se preocupe si usted es amante de los animales, vegetariano a morir o activista del PAE, siempre habrá una protesta afuera de la plaza de toros a la cual podrá asistir, y gritarles pelucones a sus vecinos taurinos, o a todo quien escuche gypsy kings. Hay de todo para todos. Con lo único que no concuerdo es con el “Jesús del Gran Poder”, aunque supongo que la Iglesia debe buscar auspicio de lo que haya. No me parecería nada raro ver ahora, sobre todo con las últimas palabras de Benedicto XVI, La Feria del Preservativo Casual “Jesús no va a Poder”. ¡Pero no se enojen! Sino los van a colocar en una banda de pueblo y les pedirán de la forma más educada que den inicio a la interpretación de una pieza musical por bravos. Osea "¡Toquen Trompudos!".

En estos días podemos apreciar la tradicional competencia de los coches de madera. Pequeños schumacher que de deleitan al público más con sus épicas sacadas de madre que con su habilidad al volante. También tenemos el tan conocido deporte olímpico quiteño. No hablo el de botar presidentes, sino del juego de cartas llamado "40". Gran forma de hacer amigos, perder 5 dólares y mandarse las frases más extrañas en un juego de cartas como "2 por shunsho", "2 por guapo" o "entrando mamando". Debería explicar la última de ellas, pero por vagancia y ganas de que su imaginación vuele, la dejaré a la interpretación de cada uno.

La elección de la reina de Quito es un acontecimiento de relevancia desde tiempos de Don Evaristo. Discrepo en varios puntos de esta ceremonia. Primero, no se elige a la más bonita, estéticamente hablando, por lo que no es un concurso de belleza en su totalidad. Segundo, tampoco gana la concursante con más experiencia en campos generales, así como en áreas específicas como el de la ayuda social o la habilidad de negociación de fondos para la fundación reina de quito. Tercero, se habla de la soberana de la ciudad a una chica elegida por un jurado supuestamente calificado pero dudosamente designado. No entiendo el punto de disfrazar la verdad de lo que todos ya conocemos: Si papi paga...

Nos enfrentamos a un problema. Y no hará que desaparezca el hecho de ignorarlo. La identidad del Quiteño es variable dependiendo de la ocasión, del lugar o la época. Las ocasiones determinarán el estar orgullosísimo del Chucho Benítez, o negar la existencia del tío negrito (afro-ecuatoriano para que no me demanden o me quieran sacar la madre). El lugar será muy importante pues tal lugar nos cambiará al recién ido compadre Juan Taipe, por el Sr. John Scotch. Y la época, claramente no necesita más explicación, decembrina nos traerá mestizos españoles, criollos bien criollos, y un viejo barbón vestido de rojo. Todos inventos, todos mentiras.

Me resulta un poco triste que únicamente en estos días dejamos de ser la ciudad de los putos baches para convertirnos en la gloriosa ciudad de San Francisco de Quito. No creo que el hígado de cualquier ciudadano de la carita de dios aguante la chupetiza de esos días durante todo el año, aunque no quisiera adelantar criterios por las irrefutables pruebas de las que he sido testigo, pero por lo menos la alegría y el orgullo de ser quiteño, sea lo que sea eso, debería extenderse a lo largo del año. En otras palabras, el “Que viva Quito” debería escucharse y sentirse todo el año, así como todo el año se chupa “hasta la huevas carajo”.

martes, 23 de noviembre de 2010

De lo que sucede en Quito mientras desaparece...


Vamos por partes. Yo amo a Quito. O por lo menos algunas de las partes de Quito que conozco. Irónicamente parte del encanto de la capital del Ecuador es la adrenalina que le inyecta diariamente a los pechos en férvido grito de quienes aún podemos encontrar belleza y 1000 motivos para quedarnos en la ciudad, a la que muchos quieren abandonar.

Me gusta despertarme con ese sol frío, con una leve brisa que trae aromas del pichincha, (a quienes vivan de la occidental para arriba). Me gusta despertar con el cantar de los pájaros que aún viven en la capital (No del pájaro Febres cordero, la verdad no sé si cantará), con las gotas que aún cuelgan de las hojas de los árboles. Luego de eso la historia cambia, pues el cálido sol se convierte en un lámpara gigante y las personas en churros. El canto de las aves en pitos de carros, principalmente buses y taxis que juran que el silencio de la carita de dios es aburrido y decoran el ambiente con su presencia en forma de onda sonora, nube de smog y un letrero en la parte trasera: “Si me rebasas dile a tu ñaña que ya llego”.

Me gusta acostarme con las estrellas pintando el cielo, con el sonido de alguna chiva lejana (no de las del 24 de mayo), y con la imagen de la ciudad como un nacimiento navideño sin santos ni vírgenes (bueno, diré que la del panecillo y la del San Gabriel sí, para que no me pegue la primera porque es más grande que yo, y para que no me linchen los segundos). A lo mucho con pastores y muchas, pero muchas ovejas. También decoran mis noches las botellas que se rompen en las veredas, las camaretas que me resuenan en la ventana, los disparos de quienes quieren matar a dios y juran que está en el cielo, y los mensajes al celular a media noche justo cuando lograste cerrar los ojos de “Movistar le informa que su saldo es insuficiente para completar esta llamada”.

Me gusta caminar por las aceras del parque la carolina, ver a la gente corriendo, persiguiendo una meta. Veo a otros también corriendo persiguiendo un choro, aunque es menos inspirador.

Me gusta cuando el cielo no gambetea con el clima. Es decir cuando salgo seco de mi casa y llego seco a la misma (el licor no tiene nada que ver en este proceso). Cuando los del INAMI no se equivocan (que es lo mismo que esperar que al Aucas vuelva a la primera “A” o que el presidente no insulte en cadena sabatina).

Me gusta caminar por el centro. Es una experiencia siempre nueva. Descubrir rincones olvidados por el tiempo. Descubrir indigentes olvidados también por el tiempo y las personas, como si fueran activos fijos de las estrechas calles. Divisar los vendedores de ponche, en sus inconfundibles carritos con llave de agua y delantales blancos (delantales que también verá después, pero en la sala de espera del Vozandes por degustar semejante manjar).

Me gustan las calles adoquinadas, las paredes de piedra, los almacenes de antigüedades y las huecas que existen en el centro. Reconozco que al inicio no me daba la menor emoción ir a los dominios de Carondelet, donde a mediodía todo parece un caos ordenado, pero mi novia poco a poco me fue inculcando el gusto por así decirlo. Espero yo inculcarle algún día el gusto por el sushi, las aceitunas y el fútbol.

Me gusta ir al mercado. Corrijo. Me encanta ir al mercado. Trae recuerdos de la infancia, de correr en los pasillos sin sentido del mercado Santa Clara, entre piñas y naranjas, entre señoras gordas y vendedores de pescado. El propósito era solo perderse entre tanta fruta y cerdos colgados, lo cual a primera impresión puede sonar repugnante, pero con el tiempo se puede volver divertido, y hasta formar una carrera en torno a las compras del domingo. Me sigo preguntando si Doña María seguirá enseñando a desgranar choclos con la misma ternura con la que me enseño a mí. Esa mujer era una SEÑORA, muy diferente a muchas señoras que creen que por ser mujeres merecen tal título.

Me gustan los hot-dogs de la Gonzales Suarez y los ceviches de la Rumiñahui. Los primeros caen excelentemente bien después de una farra, los segundos acompañan a la perfección la mezcla de licor y hot-dogs de la Gonzales al día siguiente. Las tripas del aeropuerto son muy apropiadas para esas frías tardes que me sorprenden antes de la quincena. Y ni hablar de las papas con cuero de la Floresta, los motes de San Juan y los hornados del mercado Iñaquito. Pero eso sí, si va a alguno de estos lugares con una acompañante, asegúrese de que no sea en la primera, segunda o tercera cita, y que el historial gastronómico de ella no incluya “El Rincón de Francia” (magnífico restaurante, el cual firmemente recomiendo), no cargue un bolso Prada ni se esconda tras un perfume de channel. Y peor aún si hace muecas cuando le sugiera darle una probada a porky acostado en tortillas de papa.

Pero sobre todas las cosas que me gustan de mi ciudad, lo mejor son las personas. Los anónimos por conocer y también aquellos que dejaron huellas en mí. Los amigos que me prestaron dinero para libar y un hombro para llorar. Los maestros que más que conocimientos dejaron ejemplos a seguir, y los inspectores que más que implementar disciplina, reforzaron las convicciones de no ser uno más. Los amores pasados que me recibieron con una sonrisa y me dejaron mejor de lo que me recogieron. El amor presente que me mantiene cuerdo y demasiado enamorado, aunque eso no impide que siga desvariando y escribiendo huevadas. Los conocidos que borraron sus rostros y dejaron historias. Los hijos que aun no vienen (y espero que no lleguen hasta dentro de un largo tiempo) que espero que quieran y aprecien la ciudad de sus abuelos.

Una persona me dijo que como el cielo de Quito no hay otro. Supongo que tiene razón, pues esta noche de luna llena, alumbra la ciudad como un viejo farol. Ilumina los fantasmas de Don Evaristo y la Torera. Ilumina a los borrachos que perdieron la decencia, pero no sus coplas ni sus copas. Ilumina a los muchos Cantuñas que vendieron el alma al Diablo. Ilumina a un cura que se aventaja de cristo para joder la vida (la mayoría lo hacen) y también a un pseudo-escritor con insomnio. Cada estrella es uno de ellos, pero cuando me vaya no seré estrella. No. Prefiero convertirme en una banca de la plaza de la independencia, para escuchar las historias de los viejos, y poder en una próxima vida, contar las historias de este Quito que se olvida. De este Quito que se apaga. De este Quito que se muere…

martes, 16 de noviembre de 2010

Crónica de una vacación anunciada

Cansado de tanto quiteño y lluvia de improvisto. De tanto vendedor de “2 caramelos por 25 ctvs y 5 por 50ctvs”. Cansado del facebook y de las comodidades de la ciudad, decidí tomarme unas vacaciones muy bien merecidas. El panorama se veía prometedor. 3 noches 4 días en la magnífica y sobrevaluada área de Casa Blanca, en Same – Esmeraldas. Amigos (digo amigos porque nunca vi una “conocida” o quien quisiera serlo), familia (es decir mi hermano y la soledad. Y la soledad no es una persona), sol (el cual oportunamente apareció el día que no me puse bloqueador solar y me encontraba a 10 km de la sombra más cercana) y alcohol, el amigo que nunca falla.

Salimos de Quito con esperanzas de sol, playa y arena un domingo a la media noche. El sueño de todo serrano estresado. Comenzó desalentador el viaje cuando constatamos que en el bus con destino al paraíso, solo iba la población autóctona de tal lugar. No me malinterpreten, pero la recreación de la vista es necesaria en cualquier viaje de placer. En nuestro caso, tal recreación solo se vio semi-cumplida con las que vimos en la barra de un bar en la playa. Deliciosas y listas para entregarse a nosotros. Las llevamos al departamento para tener más comodidad. Finalmente, y sin más preámbulos las tocamos pero se sentían muy frías, aunque irónicamente deseábamos que estuvieran así. La satisfacción que nos produjeron, fue tal, que teníamos que repetir la dosis. Y es que en la repetición está el gusto, y sino que lo diga Velasco Ibarra. Pero después de tantas de ellas uno se cansa, así que decidimos parar un poco y cambiar esas cervezas por un “fuerte”; Llámese “fernet”, “ron”, y “whisky”.

Ir a la playa en temporada baja es una mentira. Primero porque no existe tal “temporada baja” debido a que si no era por los 2 o 3 rezagados del feriado y los 7 fantasmas que me visitaron, lo más cercano a vida inteligente que hubiésemos encontrado hubiera sido un perro con sarna o un hincha del emelec (decidí darle un respiro a los del barcelona).

Nos encontramos con gente dentro del condominio donde nos alojamos. 3 amigos bebiendo (incluyéndome) y 4 familias sobrias, independientes, funcionales y felizmente separadas por metros de distancia y paredes de concreto no se mezclan bien. Como agua y aceite. Como la educación y la UNE. Como luchar por la paz. Así que el mejor amigo de 3 hombres solos, se hizo presente de forma de alcohol y nos acompaño en sus diferentes estados. Algarabía, desinhibición, estupidez, sueño y chuchaqui. No necesariamente en ese orden.

Las chicas bellas, jóvenes, bronceadas y antipáticas, fueron reemplazadas por señoras de carnes mal equilibradas, cabello muy corto, andar todo-menos-sensual y muy amigables valga decirlo. Prefiero las segundas. Sobrio. Las noches de música, baile, pecado, licor y amaneceres se convirtieron en… Bueno, en noches de licor.

Como a nivel del mar me vuelvo más deportista y pendejo que a 2800 msnm, decidí una mañana nublada de martes, ir a trotar un poco. Como para buscar civilización y matar el chuchaqui. Confieso que no encontré un alma pero sí me encontré a mi mismo. Me encontré a mi mismo sin bloqueador solar, con un astro mayor sorpresivo y asesino, a 10km de la sombra más cercana, a 1dólar (el cuál no lo tenía) de la botella de agua más fría, y a 15 minutos de tener una quemadura de 1er grado en ambas plantas de los pies. Sucedieron todas las anteriores.

Y es que todo buen serrano debe regresar con su dosis de quemadura solar, de picados tropicales y de gafas de “a dólar”. Como Ecuador es un solo cliché, las 2 anteriores se cumplieron. No la última porque insisto, no había un alma en la playa ni en mi cuerpo. Lo que sí había era un color, rojo ferrari en la parte superior de mi anatomía. Y mordidas en todo mi cuerpo, pero no de mi novia. No, que te muerdan los mosquitos no cuenta como traición.

La quemadura de color rojo intenso, como se ponen los policías cuando Correa da la cadena semanal, fue cubierta por aloe vera para reducir el ardor. Ahora no solo era un camarón con bermudas, sino que parecía un Hulk desteñido y flaco. Los colores verde y rojo, no se mezclan para nada bien sin importar lo que nadie diga. Navidad es una excepción. Al igual que el sweater de Freddy Krueger y las plantas de ají.

El día siguiente prosiguió con un excelente desayuno, precedido de unos excelentes cócteles y un, mejor aun, estado “happy”. No lo digo porque nos hayamos hecho amigos de los fans de Bob Marley en Esmeraldas, sino que para uno entrar en un estado de chuchaqui, debe pasar de beber mucho a no beber. La segunda no ocurrió. Y en ese estado nos sorprendió la noche con el partido de la Liga. El triunfo fue muy grato. Creo que el grito de gol de nuestra habitación se escuchó hasta Mompiche. Lo que le siguió al partido fue un no muy claro argumento sobre la contratación de “Goku” a las filas del Manchester United según el anfitrión. No divulgaré su identidad, porque yo nunca me burlaría de mi amigo Juan Andrés Almeida.

La mañana siguiente fue más bien de descanso. ¿A quien miento? La limpieza del departamento, así como la lavada de platos, y el hecho de empacar fue agotador.

Nos despedimos de Casa Blanca como uno se despide de su novia luego de una pelea sin resolver: Enojados pero sin ganas de irse. Aun tengo estragos de la nostalgia que supone el abandonar lo cual supones que es tu hogar lejos de tu hogar. Si fuera por mí, me quedo a vivir entre cubas libres y ancianas. Los primeros para aflojar la lengua y las segundas para conversar. Y específicamente en ese orden.

Para nuestra sorpresa solo se rompieron 3 vasos. Creo que el resto de cristales rotos que escuchamos a lo largo de nuestra estadía, fueron de aquellos que nos lanzaban floreros para que hagamos silencio. Seguro nos extrañarán…

miércoles, 27 de octubre de 2010

De los libros y sus títulos

Leyendo “reviews” de libros que recomienda cierta revista, me he encontrado con lo que me encontré hace mucho tiempo. Títulos de libros. Esta vez se preguntarán, ¿Y ahora este man con qué nueva cosa está inconforme? Bueno es fácil.

Los libros, como las personas, se juzgan por su portada. Que nadie me venga a decir que lo más hermoso de una persona va por dentro. Seguramente debería ser así. Pero no lo es. Y mientras tengamos cosas como MTV, E! Entertainment, Concursos de belleza, Karl Lagerfield o Cecilia Niemes (a nivel bastante parroquial) tampoco lo será.

Puedes ser un tipo repinta, musculoso y ser lo más aburrido del mundo. O ser lo más feo que ha pisado la tierra y por dentro tener las ideas más inteligentes, los pensamientos más creativos o los principios más rectos (nada que ver conmigo). Las mujeres se quedarán con el primero, y las botellas con el segundo.

En el caso de los libros sucede algo similar. Un ejemplo hipotético aplica a la situación. Por ejemplo si el título de la obra dice “El caracol errante” y la obra trata de los problemas socio-políticos de la Rusia del siglo XIX. ¿Qué mierdas tiene que ver un caracol con esto? Me enfada de manera profunda el engaño del título. Me enfada también el precio del mismo, así como la foto del momento de “reflexión profunda” en el cual se encontraba el autor cuando se la tomaron. O eres escritor, o eres modelo. Y quien sea ambos, no será más que un travestí de fama y letras.

Está bien que existan metáforas y símiles para que el libro “venda”, pero no hay que exagerar. Un título que promete lo que es, por ejemplo, “La insoportable levedad del ser” o “El principito” se lo lleva en la memoria y en la recomendación. Un título que no tiene nada que ver con su contenido es “El color Púrpura” y me niego a pensar que se trata de una alusión racial.

Si tienes en la portada de tu libro un perro azul, pero tal canino sin oxígeno no aparece en el libro, ¿Para qué molestarse? ¿Cuál es el punto? Si mi libro trata del viaje de un inmigrante a estados unidos (que nadie me joda por no poner mayúsculas en ese país), no voy a poner el dibujo de una alcachofa roja. Pondré la foto de un caminante, de un paisaje anglosajón, o de la estatua de la libertad (no la del panecillo porque aquí como que la libertad también migró).

jueves, 14 de octubre de 2010

Sobre los Sueños y las Mujeres Mal Casadas

Este texto no es un extracto de una tertulia profunda. Tampoco viene de la meditación intelectual de la contradicción del presente y el futuro. Menos aún de un libro de autoayuda, que personalmente creo, solo sirven para avivar las fogatas. Podría muy bien ser el hijo de una vaga idea de una borrachera de Diciembre o el resultado de ir pensando huevadas en el bus hacia el trabajo.

Cuando hablamos de los sueños, hay que esclarecer el término.

Sueño, según Wikipedia (porque me da pereza ir a buscar el diccionario de la real academia de la lengua) es: “El sueño es un estado de reposo uniforme de un organismo.”


Un estado es un país. Reposar es descansar. Uniforme es homogéneo y organismo es una o varias entidades. Definimos por OBVIA deducción que: “El sueño es un país de descanso homogéneo de una o varias entidades”

Es decir, un sueño es Ecuador.

Ahora bien, ¿Un sueño de quién o para quién?

Responderemos (responderé) esa pregunta más tarde.

Hablando de forma más personal para quienes no se identifican con tal deducción, pondré un ejemplo más práctico.

1000 veces me pregunté, que sería de grande. Y creo que ya de grande me seguiré preguntando lo mismo. Hubiera sido muy feliz siendo futbolista. Pero 2 cosas no me permitieron serlo. La primera fue una lesión de rodilla. La segunda, la vagancia de ir a rehabilitación. Creo que eso hizo más complicado el hecho de cumplir tal sueño.

Sueños (risas). Alguien me puede decir exactamente ¿Qué es un sueño?

Dicen que no cuesta soñar por lo que deduzco que es algo gratuito, como el bono de desarrollo.

Dicen que debemos alcanzar nuestros sueños, por lo que también deduzco que son algo lejano y ajeno, como la erradicación de la corrupción.

Y dicen también que no hay sueños imposibles y que nuestro propósito en la vida es cumplirlos, así que supongo que deben ser muy difíciles pero realizables y gratificantes, como la revocatoria del mandato de Correa.

Hasta ahora tenemos que un sueño es gratis, lejano, ajeno, difícil pero factible y placentero.

Algo así como una mujer mal casada.

Por ende el Ecuador sería una mujer mal casada. Es decir, que tiene un marido que la tiene convencida de que sin él, no sería nada, así que se siente muy inferior a lo que es. (No sé por qué se me viene el nombre de, básicamente, todos los países a la mente.)

Tiene bastantes hijos (es que antes no había televisión) que a veces se acuerdan de ella. Pero solo la llaman para pedirle plata o comida. (Llámense BCE, SRI, IESS etc.)

Es muy guapa pero pasa desarreglada la mayoría del tiempo. (Tantos líos, pobreza e ineficiencia en un país tan rico y diverso como el nuestro.)

Solo se arregla para las visitas, y solo ante ellas saca la mejor vajilla. (Tal parece que el Ministerio de Turismo no se da cuenta que todos los folletos y las maravillosas fotografías del “ombligo del mundo” deben ir sustentadas por capacitación a los huéspedes y no en el tan trillado monumento a la mitad del mundo, la tortuga de galápagos que han visitado 4 generaciones de gringos o el Cotopaxi cada vez más cabreado de aparecer en público.)

Dejó de lado la esperanza de los primeros días de casada, y le parece que su luna de miel fue hace mil años. Su primer esposo (Inglaterra) le dio esperanza de poder ser independiente, aunque con el tiempo se volvió esclava de su préstamo. La luna de miel le duró lo que duraron los efímeros años del boom petrolero. Años en que el dinero se hizo humo, como se humo se hicieron los parásitos que lo administraron en ese entonces, y que dejaron la posta a los nuevos derrochadores que ya no tienen necesidad de hacerse humo. Y a nosotros nos parece de hace mil años lo que apenas ocurrió hace 40.

Pero también las mujeres mal casadas tienen amigas, de igual pensamiento y similar antiestética, con quienes chismear. Véase, Irán, Venezuela, Bolivia, y demás integrantes del ALBA (lastimosamente, su equivalencia no es similar a la de Jessica).

Y podría citar más símiles para ilustrar las coincidencias entre Ecuador y tal mencionada dama. Lo rescatable tal vez sea, el despertar del sueño llamado Ecuador, y comenzar a amar a aquella mujer que solo ha sido maltratada. Pero como este es un pequeño escrito sobre los sueños, el cuál ha tomado un rumbo distinto del que pensé, deberá culminar con una frase inspiradora para no querer pegarnos un tiro después de la lectura de tan “inspirado” texto.

“Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar.” - Antonio Machado.

“¡Actuemos de una p..ta vez!” - Alejandro Castro.